Hacía mucho tiempo que era casi anónimo. No pasaba más allá de algún rezagado me tocara bocina en el algún semáforo, a lo que, especialmente las viejas, se acomodaban en el asiento de atrás para mirarme sin la más mínima intención de disimular su curiosidad:
- Un conocido, Sra. - les terminaba diciendo mirándolas por el espejito.
En los '70 hasta figuritas con mi cara había. En el colegio no había pendeja que no me pidiera que le firme la cartuchera. Pero claro, del cielo bajás en caída libre sin paracaídas. La serie se termina y uno crece. De adolescente me decían:
- No, flaco, con esa estirada deforme que te pegaste dónde te pongo? Encima ni con 2 kilos de enduído puedo taparte esos cráteres que tenés en la cara.
Dónde había quedado el galancito? Los veintipico me tocaron justo en los '80...la suerte me seguía rebotando en la entrada. Puta década de carilindos y peinados abultados...lo más tibio en los casting era:
- Qué querés que haga con ese repositorio de malta que tenés en el abdomen, me querés decir? Por esa bocha parece que hubiera pasado un Nepal, padre. La cámara milagros no hace, viste?
Y ahí me quedaba parado detrás de un póster de Miguel Mateos cagándose de la risa de mí con su mejor melena.
Ese mediodía estaba en una parrilla cerca de casa, en el almuerzo de despedida de mi mujer...Se estaba, justamente, despidiendo de mí. Estábamos cerrando el tema de división de bienes. Nuestro matrimonio de 20 años había empezado para el culo desde el primer día: La flaca había prendido bombo al segundo mes de empezar a salir. Son esas que menstrúan irregularmente pero que son medio nínfómanas, viste? Y yo un pelotudo dominado por la gallina.
No es que fuera mala mina, pero creo que tenía una deficiencia hormonal: Vivía histérica.
A los pocos meses de embarazo le detectaron un cáncer que terminó con el pibe y su condición de mujer. Ya no era el ‘asunto’ lo que nos unía, sino la ‘lástima’. Pero, como todo, son cosas que pasan con el tiempo. La flaca recuperó fuerzas, mi tarjeta de crédito y empezó clases de tenis. Venía contentísima del club...alegría que compartía a su muy especial manera de cagarme a pedos por lo que no había hecho, lo que hice y algunas renegadas "por las dudas", mientras no paraba de mandarse mensajitos por celular con su amiga del club: Raúl.
Estaba todo dicho. Como siempre, la justicia se había impartido en esa mesa. Yo me quedaría con el 504 y ella con la casa, los muebles, la tele, el microondas y mi juego de Estanciero. Aunque me dijo que si necesitaba algo, que le avise.
- Disculpe, señor. - dice una voz detrás mío.
Me doy vuelta. Era un flaco de unos 30 años.
- Qué tal, señora?...Disculpe que los interrumpa - mi mujer estaba muy concentrada con su celular para devolver el saludo - Mi nombre es Tomás Arantino, soy director de cine...independiente. Estoy produciendo una película y, la verdad, que desde que escribí el guión pensé en Usted. Vi un montón de capítulos en internet y creo que estaría buenísimo incluirlo en el film.
Ahí es como que me agrandé y le eché un ojo a la reventada aquella...que seguía sin darle la más mínima bola a la situación.
- Uh, bueno…mirá…eh…estoy medio corto de tiempo...pero claro, por qué no?
- Gracias. - sonríe tímidamente - No puedo asegurarle mucha plata, vio? ... – se pone incómodo – esto es independiente, usted entiende.
- Soy de Racing, empezamos mal, pibe. - lo miro serio y el flaco se queda, como esperando la continuación de mi frase.
- Je! Es un chiste - le doy una palmada en el brazo - jeje.
- Je...je...claro - yo y mi puto sentido del humor!
- Bueno - continúa - Tiene una tarjeta con sus datos?
- Eh...no, no en este momento. Tengo acá una birome... - busco en mis bolsillos un papel y saco un ticket de estacionamiento - te puedo anotar acá...
- No se haga problema, acá le dejo mi tarjeta. Usted puede mandarme un mail con sus datos y yo le mando el guión así lo lee. - Dijo mail?
- Me voy. - interrumpe la flaca ya parada con su cartera al hombro - Pagás vos?
- Sí sí, andá - la despacho con la mano, con aires de superado - hablamos después. - Y se va rauda con su minifalda apretada a ese culo poseado caminando como diva de cotillón.
- Y...decime, pibe...de qué se trata el papel?
- Bueno, es un papel de reparto, pero muy relevante! - acota enérgicamente – La historia es un policial con varios 'plot points'......giros... - agrega al ver mi cara - Son 3 historias paralelas que se mezclan. Gangsters, un boxeador fraudulento, un portafolio que nunca sabemos lo que tiene (para mantener atraído al espectador, vio?). Una mina re sacada, drogas, acción - el pibe se emociona al contarme - todo con mucho laburo en los diálogos. Creo que va a ser un éxito.
- Wow...suena bien, eh.
- Gracias – asiente con la cabeza.
- Bueno, perfecto - miro la tarjeta con los ojos entreabiertos, alejándola para hacer foco - Te lla...
[PUM!]
Todos nos dimos vuelta mirando a la calle. Aparece un chorro disparando en la calle. Se escuchaban varios tiros a lo lejos, uno impacta contra el ventanal, el chorro se agachó y otra bala hizo estallar al vidrio. Todo el mundo fue al suelo. Se sentían gritos y disparos por todas partes. Levanté la cabeza y vi cómo acribillaban al chorro y el cuerpo caía dentro del 'restorán'.
Los disparos cesaron. Cayó la cana:
- Todo terminó, señores. Pueden levantarse.
La gente se empezaba a incorporar de a poco. El lugar estaba hecho un quilombo.
- No te van a faltar ideas para una escena de acción después de esto, jeje – le digo al flaco al lado mío mientras me paraba lentamente.
Pero el flaco no se movió. Lo miro, estaba en el suelo de espaldas a mí. Me agacho, lo zamarreo despacio y lo doy vuelta. Tenía sus ojos perdidos y su cara rígida, todavía con la expresión emocionada del diálogo que veníamos teniendo.
Me paré sin decir nada. Una mina al lado mío lo ve, se pone la mano en la boca y grita solloza. La gente empezó a acumularse alrededor de la escena. Yo seguía ahí parado. Un cana se arrimó medio llevándome por delante. Me fueron corriendo hacia atrás. Al rato cayó la ambulancia, tarde, como siempre, y se llevaron al pibe y al chorro.
- Disculpe, señor – dice una voz detrás mío.
Me doy vuelta.
- Su cuenta.
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