jueves, 21 de mayo de 2009

Super Jirou!


Esta es una anécdota que debe ser contada como se merece. No puede uno tirar por la borda semejante acto de valentía así como así. 

Empecemos.


Tan rápido como el 60 por Av. Córdoba en hora pico. Fuerte como para levantar un porrón de medio litro hasta terminarlo. Puede saltar los charcos de las veredas rotas de la estación de Longchamps y caer en una baldosa floja. Él essssssssss: SUUUPEEERRR RUUUSOOOO!!!!

Detengámonos en el locutor eufórico diciendo mi nombre. Ahí podemos ver, si la cámara me acompaña, mi imagen tomada desde abajo (ángulo contrapicado), los puños cerrados sobre la cintura formando como una tetera de doble asa, la remera de Jazzy Mel de 7mo grado en el cuerpo privilegiado de los 30 sobre un abdomen trabajado a fuerza de litros de cerveza, sedentarismo y asados, en mis piernas un delicado jogging gastado con las medias sobre el mismo, cual recolector de residuos de Manliba, zapatillas Hip-hoperas tamaño baño y el casco de la bicicleta (que me queda chico).

Gracias por mantener esta imagen en sus pupilas mientras continúo el relato.

 

(Música tenue de suspenso. Voz misteriosa relatando los hechos)

Adentrada la noche, 2am para ser preciso, me encontraba en mi casa de la Avenida Siempreviva al 82b, en los suburbios de Grey Lynn (sin parentescos con Lynn Tanner de Alf). Un misterioso caso me tenía en vela: no encontraba el paquete de papas fritas, el cual, aseguraba, debía contener aún ciertos restos.

Cuando al fin lo encontré debajo del paquete de galletitas, también abierto, suena mi celular. Miro sospechosamente la situación: Quién osaba interrumpirme en medio de mi tentempié nocturno? Era un mensaje de Nina, quien vive a unas 10 cuadras de mi paradero: “Estás despierto? Es importante!”

Respondo inmediatamente. No era normal este tipo de mensajes, menos aún porque había estado en la casa de ella durante la tarde y no mostró signo alguno de excitación sexual, de hecho, me echó porque no me iba más y le había comido su cena. Calculo que, como pasa con Clark Kent, no sospecha que detrás de este simpaticón Argento se esconde un súper héroe.

Suena mi celular de vuelta. Era ella llamando. Atiendo.

-          Hola, qué pasó? – le pregunto.

-          No sé, estoy asustada, la alarma empezó a sonar y no para! Estoy segura que escuché ruidos abajo y Magalie, que tiene su pieza ahí, no responde a mis llamados. No sé qué hacer!

-          Tranquila, mujer! – Voz segura, mirada firme, mano en el boxer acomodándose la gallina.

-          Biërte está acá al lado mío, ella también escuchó ruidos. Estamos encerradas en mi cuarto. Podés venir? – me dice temblorosa.

Parado enfrente del ventanal, con la luz de la luna iluminándome, mirando al horizonte, pecho inflado y labios contraídos respondo:

-          Porqué no llamás a la policía? Digo…me parece…

-          Sí…tenés razón – me dice nerviosa – pero no sé el número.

-          No te preocupes, te lo busco en Internet. – Siempre listo!

-          Pero podés venir igual?

-          Por supuesto! – saqué mi mano de la entrepierna. Este era un asunto importante que debía resolver.

Hube cortado con la señorita en problemas, inmediatamente le mando un mensaje de texto con el número de la policía y me dispuse a hacer lo que todo gran héroe del conurbano bonaerense haría ante tal desesperante situación: Tiempo.

Si lograba retrasarme lo suficiente, la policía habría llegado antes que yo, chequeado y estaría a salvo de cualquier posible maleante…quiero decir…el maleante estaría a salvo de mí: YO NO PERDONO. (Suena música histriónica y primer plano con mi ceja levantada mirando a cámara)

-          A LOS RUSOTUBOS!

-          SSSHHHHH!!!!! – escucho.

Mis flatmates desde la habitación pedían silencio.

-          Sory…

 

[Chana nána nana nana, chana nána nana nana, chana RUSOOOO!!!]

Entro a mi escondite secreto, detrás de mi campera universitaria modelo ’80 se esconde mi traje. Poniéndome los joggings me encuentro con Lisa, mi flatmate, observándome desde el pasillo. Se había levantado para ir al baño, con los pelos revueltos y los ojos hinchados, trataba de entender, con mirada sorprendida, porqué yo estaba en el suelo tirado, revolcándome, calzándome los pantalones. 

(Tendría que matarla a mi regreso, no es posible que alguien sepa de mi doble identidad…sino, le pediría un descuento en el precio de mi habitación)

Raudo, salgo hacia el garaje en busca de mi corcel de 18 cambios. Me abrocho el casco y salto como el zorro, desde atrás, para depositarme en el asiento.

Iba, todavía con el dolor en los huevos por haberme dado de lleno contra el asiento ante semejante pirueta, saliendo de mi casa, pedaleando en pendiente arriba, con el piñón más chiquitito puesto. Un esfuerzo sobre humano el que tuve que hacer para escalar dicha pendiente!

Recorría las calles del dormido barrio a unos 3.5Km por hora…eso calculé luego que un borracho se me adelantó para tirar una botella en un tacho. Las pendientes son complicadas en Nueva Zelanda, tuve que hacer un alto ante un ritmo cardíaco sofocante…a unas 3 cuadras de mi guarida. Busqué la cantimplora para refrescarme…me la había olvidado. A pesar de los contratiempos, no podía detenerme, había mujeres indefensas esperando ser rescatadas. Debía seguir!

Monté otra vez y aceleré…la calle en bajada me vino al pelo…iba como loco con la lengua afuera como canino en el auto.

Cuando voy aproximándome al lugar, veo el camión de los bomberos. Arribo velozmente, serio. Los bomberos ya se estaban yendo. Por supuesto, ellos saben identificar a un héroe cuando lo ven, y la comunicación entre colegas protectores del ciudadano es fluida:

-          Todo en orden? – Pregunto con voz grave.

El primer bombero me mira de arriba abajo…debía ser mi sublime presencia o mi respiración agitada y la frente chorreando transpiración cual final de maratón de 80Kms en el desierto del Sahara…

No me contesta…ok…pobre…debe estar shockeado al ver semejante paladín de la justicia. Soy un tipo que sabe comprender. Veo venir a otro.

-          Hola, qué tal? Está todo bien? – voz aguda, hombros encogidos, sonrisita macanuda.

-          Sí, parece que se activó la alarma de incendio por un golpe de viento.

-          Eh…y chequearon el lugar? – debía cerciorarme que todo estuviera en condiciones…y que no me encuentre nada raro después.

-          Sí, no había nadie.

-          Gracias! Buen trabajo, compañero! – Firme, levanto la mano con el pulgar arriba. El flaco me mira frunciendo el seño, niega con la cabeza y se va en silencio.

 

-          Están bien, chicas? – me dirijo a las 3 señoritas que aguardaban en la puerta.

-          Sí. – entran en la casa.

Amarro mi corcel y entro yo también.

-          Disculpame por llamarte a esta hora – me dice Nina.

-          No hay problema. – peino mi ceja y le sonrío.

Todo acto heroico es merecedor de una recompensa. El estar ahí con esas 3 señoritas bien proporcionadas me decía que iba a pasar una noche que no iba a olvidar.

-          Bueno, me voy a dormir – dicen Nina y Biërte, y salen disparadas a sus cuartos cerrando las puertas delante de mí.

Magalie me mira:

-          No querés dormir abajo conmigo? – Y bue, 1 de 3 no está mal de todos modos.

Bajamos las escaleras.

-          Acá fue donde escucharon los ruidos. – me comenta.

Ah…qué lindo! 

-          No querés revisar las habitaciones por las dudas? – me dice.

-          No revisaron los bomberos?

-          Sí.

-          Ok, no te preocupes, reviso de nuevo. – Estando seguro que ya le habían echado un ojo, voy campante pieza por pieza.

La parte de debajo de esa casa nunca la había conocido. Era medio escalofriante. Luz tenue, piso de madera rechinante, pasillos angostos…quién me había mandado a meter ahí?! 

-          Podés revisar acá?

-          Qué es esto?

-          El sótano.

-          Ok. – la puta madre!

Entro despacio, busco la llave de luz.

-          Y la luz?

-          No, no tiene.

Achalay!

Piso fuerte como para que me escuchen entrar. Me hago el que reviso, (bastante cerca de la entrada, por cierto) muevo un par de cajas y cosas así nomás.

-          Segura que revisaron los bomberos acá también?

-          Sí sí.

Ahí encaré más decidido. Aunque bastante cagado, de todas maneras.

-          Qué es ese ruido? – me dice.

-          No, nada, mis rodillas…el frío.

-          Tenés frío? – Me decía en remera.

-          Eh…sí sí…

No va que se cae una caja y pego un salto que doy contra la tabla de surf colgada encima mío.

-          Estás bien?

-          Sí sí…jeje…pensé que te había pasado algo. – me miraba relajada con sus anteojos reposando en mitad de nariz.

 

-          Bueno…creo que eso es todo, vamos a dormir? – dije emocionado frotando mis manos como quien espera un suculento plato de fideos a la boloñesa bien calentito.

-          Sí.

Salimos del sótano. 

-          Acá tenés una habitación libre. – me dice.

-          Ah…claro…

-          La mía está allá, al lado del baño. – me señala al final del pasillo - Gracias por venir, en serio. – me sonríe.

-          Nah, por nada!

-          Hasta mañana.

-          Chau! Que duermas bien.

Dícese de la habitación JUSTO al lado del sótano la destinada para que descanse. Acostado con el velador prendido, vestido, mis manos reposando en mi estómago y los ojos abiertos como lechuza, permanecí despierto 2hs escuchando ruidos de todo tipo en esa casa donde las paredes son de papel. Se daban vuelta en la cama en la pieza de arriba y yo escuchaba el ruido de la colcha. Sumado a los gatos y otros ruidos provenientes de la calle, creo que debí ser el único que permaneció en vela tanto tiempo.

Pero un relato de tal bravura no puede terminar de esta manera, digamos mejor que, como el único hombre de la casa, valiente y bravo, permanecí alerta, haciendo guardia ante cualquier eventual ataque de villanos.

Así, parado en medio de la habitación, en medias, con mi jogging, mis puños sobre mi cintura, la frente en alto y la mirada triunfal hacia la ventana tapeada, las jóvenes podían dormir seguras.

-          Qué hacés ahí parado? Podés apagar la luz que me entra el reflejo por debajo de la puerta y me molesta? – dice Magalie parada en la puerta de mi pieza.

-          Sí, claro.



miércoles, 20 de mayo de 2009

Cuando despiertes

Ya volveré con alguna que otra anécdota de viaje. Por ahora, luego de haber sido guardaespaldas del presidente Brat Pitt, convertirme en trillonario y casarme con Jennifer Connely en el sueño de Julio...ok, la última parte puede que la haya agregado yo... los dejo con otro rapto de delirio en uno de mis formatos favoritos: el cuento.

Dado que este chispazo de inspiración consumió 10 páginas de Word, les dejo el link para los que tengan ganas de leerlo fuera del blog.

>>> Hacé click aquí para bajar el archivo....no, mejor aquí....o aquí....o donde quieras <<<

Aquí otra historia no vivida con personajes conocidos. A su salud!

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Cuando despiertes

-          Cuando te despiertes habrá sido todo un mal sueño.


Son esas cosas que pasan al pasar y deciden quedarse, instalarse como algo que formará parte de tu vida de ahora en más. Así fue como viajando me encontré por casualidad con esta austriaca en un grupo de otros 4, entre alemanes y austriacos. Aquella noche, entre pitos, flautas y pretzels, las cervezas desfilaron por los tablones de aquel Hostel bastante venido abajo. Varias veces tuve que corregir el ángulo de mi vista para volverla a depositar en sus ojos y no en la costura del escote en V.

La charla continuó por largo rato. Ella me contaba que tenía un novio en su país…no, no se llamaba Antonio, pero el nombre en ese momento me interesaba poco y nada. Siguió comentándome cosas de su querida Austria, de los Alpes, de su universidad y de sus 2 años y medio de noviazgo feliz mientras me peleaba con el broche de su corpiño en mi habitación. Descubrimos, pasado el primer asalto, que la pieza no era exclusivamente nuestra. Para colmo yo tenía la cama de arriba de la cucheta, y el testigo oculto dormía en…la de abajo. (Con el zamba de Italpark habrá soñado el flaco) 

-          No vemos.

-          Dale. Que sigas bien.

En esto de viajar cada uno debe seguir su camino, sin reproches, sólo sonrisas cómplices, seguí recorriendo el norte de la isla mientras ella tomaba la dirección opuesta con su grupo.

Mi vuelta a Auckland resultó en un encuentro con aquel brasuca que había conocido en el avión al arribar a NZ (Don Gegé). Él paraba en un flat en un suburbio cerca del centro de la ciudad. Para ese entonces decidí frenar un poco con la movida de tanto viaje y me asenté yo también en un flat, bastante cerca al del mencionado bahiano.

Disparados por el entusiasmo de conocer el paisaje festivo de Auckland, fuimos de acá para allá recorriendo los bares de distintas especies. Inclusive uno en el que nuestra virginidad anal corrió riesgo. Y como esas cosas que se dan en los viajes, empieza a aparecer gente nueva. Así se integró al grupo de malandras latinos un compadre del altiplano boliviano: Julito “Maravilla”.

Qué combinación peligrosa la de la cachaça, la coca y el fernet.

Estábamos los 3 tomando unos tragos en el flat de Gegé, éste nos comenta que tenía vecina nueva. Indagamos, cual científicos aplicados, sus proporciones físicas, y Julio, ávido en profundos pensamientos filosóficos, preguntó:

-          Pero, decime, aguanta el platanazo?

-          Com certeza. – afirmaba Ge moviendo la cabeza de arriba abajo como los muñecos de perros de los autos.

Así apareció ella.

-          Hola – nos saluda levantando la mano.

Cual caballero me paro, me saco la boina inclinando mi cabeza y…le guiño un ojo.

Cuando nos abrazamos en un eufórico “EEEEHHH!!”, Gegé y Julio no entendían nada. Serán esas casualidades, que la simpaticona austriaca vino a parar al mismo lugar que Ge? Impecable suerte la mía.

Como los 3 mosqueteros (recuerden que eran 4), íbamos de un lado al otro divirtiéndonos de lo lindo. En poco tiempo teníamos anécdotas por doquier.  La cuarta integrante le había agregado ese toque femenino necesario a tanto olor a bolas. Aunque, contrariamente a lo primero que uno tiende a pensar, en vez de ella ponernos el freno, éramos nosotros los que teníamos que estar con el ojo atento para con ella.

No pasó nada más con dicha señorita, éramos sólo amigos…sólo amigos…de verdad…

Ok, puede que la segunda jarra de cerveza en esa noche, donde éramos ella y yo nomás, haya sido la causante de que su flatmate de la pieza de al lado tuviera un par de ojeras al día siguiente y una mirada hostil hacia nuestras personas. Yo qué culpa tengo que las paredes en este país se construyan con cartón coarrugado?!

El tiempo pasó y poco a poco comenzó a hacerse rutina esto de arruinarle el sueño a la compañera de flat.

Fue un día que, en medio del asunto, explotó en llanto.

-          Qué pasa?

-          Nada.

-          Dale, no jodas. Fui yo? – tampoco que tuviera una cosa del otro mundo…o algo tan diminuto que le diera lástima. Promedio, ni fú ni fá, el resto es laburo fino. Vos me entendés.

-          Estoy pasando un momento de mierda. – arrancó.

-          Con qué?

-          Mi novio. – Ap!, mirá lo que me venía a desayunar.

-          Qué pasó?

-          Desde que estoy acá no deja de decirme cosas horribles, mandarme mensajes al celular, tratarme como si fuera una basura.

-          Un tipo macanudo.

-          Si me vas a tomar para la joda no te digo más nada!! – se calentó mal.

-          No no no! Pará! Tranquila. En serio…contame. 

Respira. 

-          Siempre fue medio inseguro, y con esto de la distancia se empeoró todo. No sé qué decirle…cómo tratarlo. Nos pasamos horas hablando y me grita… – hace una pausa - Dice que él está mal y que es mi culpa que él esté así.

-          Tu culpa?

-          Es que no tiene amigos, está solo allá.

-          Y vos qué tenés que ver con todo eso? – ya me estaba alterando.

-          Nada…

-          Entonces? Para qué estás con él?

-          Porque lo amo. – (¡¿?!) Hay amores que nunca voy a entender.

-          Ok. – trato de ser catedrático y empezar a establecer las variables del problema - Tiene motivos para estar inseguro? – pregunta bastante pelotuda si consideramos el estar en pelotas y encima de ella.

-          No. – no sé si era la respuesta que esperaba – Él me fue muy infiel. Fuimos y vinimos miles de veces. Me mentía, decía que no estaba con nadie más, que eso era antes de que tuviéramos una relación seria…Pero desaparecía ciertas noches o encontraba mensajes de minas en su celular.

-          Por qué seguiste?

-          Porque cuando está bien la pasamos bárbaro. Me río mucho, compartimos cosas…qué sé yo. Es un buen tipo. – A esta altura tu computadora cerebral disparó una pantalla azul por intentar redefinir los términos de bueno y malo? Yo tengo que reiniciar, bancame un toque.

-          Y cuando está mal?

-          Nada…Son ataques de celos...Grita, revolea cosas. Yo sé que no soy una persona fácil. – La miraba pensando cómo podía ser tan resuelta hacia fuera y, a la vez, tan sumisa y vulnerable de la puerta para adentro.

Las lágrimas bañaban su rostro blanco incandescente en una noche ciega, como las que Auckland habitualmente nos suele regalar. 

-          Un día me cansé y empecé también a hacer la mía. – continuó.

-          Pero, para qué? Qué sentido tiene? – sólo a mí se me ocurre intentar encontrarle lógica a semejante disparate.

-          Porque no me iba a quedar como una idiota esperándolo todos los días. – Auto justificación Módulo II, ejercicios prácticos.

La charla no continuó mucho más. Sólo se me ocurrió tratar de consolarla (no, así no, malpensados!!). Me quedé con ella un par de horas más y volví a mi casa. No me dejó quedar, no quería quedarme.

Los días pasaban, su humor alternaba según si la noche anterior había hablado o no con el “cortejo” (como lo llamaba Julio).

Poco a poco fueron surgiendo charlas más y más profundas de su pasado. Ahí fue cuando empecé a entenderla. De un padre ausente, de una madre poco compañera, de una familia carenciada de afecto y de sueños frustrados. Todo esto era un cóctel explosivo en una muy sensible mujer con careta de hierro.

Tardes a solas, entre cerveza y pucho, parecían cambiar el tono de su discurso cada vez. Las mismas historias contadas desde otro ángulo, como una piedra que se talla, se comenzaban a resquebrajar las asperezas.

Por alguna extraña razón mi interés se transformó en sentimientos encontrados. No era lástima. La lástima no es movilizador de cariño en mí. Tenerle pena a alguien pueden significar 2 cosas: el despertar de un sentimiento solidario o la indiferencia por aquella persona tan pelotuda que sufre por deporte teniendo todo lo necesario para cambiar su realidad.

Al contrario de la indiferencia (algo que hubiera sido lógico) me acercaba más. Me estaba metiendo en una camisa de once balas, y lo sabía.

-          Viene a principios de Mayo. – me dice.

-          Quién?

-          Mi novio.

-          Qué?! Me estás jodiendo.

-          Antes de volverme, la idea era que viniera para vacacionar juntos.

-          Se están matando todos los días y piensa venir igual?

-          Sí. – como ida, continúa - Tengo que hacer las reservas de los hoteles, contratar el auto, ver los lugares para ir en el norte y en la isla sur.

-          Te estás escuchando?

-          Qué?

-          Nada.

A pesar de todo, había algo en ella…

Mis sospechas se confirmaron cuando en una noche, mientras su flatmate no se cansaba de golpear la pared pidiendo silencio, la vi sonreír. Sus ojos no eran aquellos que ocultaban, los que siempre estaban alerta por aparentar una entereza que no tenía. Esta vez eran transparentes y cálidos. No había trabas, sino las ganas de estar bien sin vueltas, y eso me pudo.

Al llegar el cortejo, se iría. Estaría un tiempo recorriendo el país antes de volver a Auckland simplemente para tomar su vuelo de regreso a Austria, así que no la vería más.

Quedaba apenas 1 semana.

La “relación” se intensificaba a medida que el tiempo se acortaba. La angustia de tener que atravesar un viaje con el flaco la torturaba y se acercaba más a mí. Era evidente, lo que no tenía en un lado lo buscaba en otro. Yo tenía las cartas sobre la mesa y me hice el boludo: jugué a todo o nada.

 El día llegó y ella se fue con un simple “chau”. Como aquel primer encuentro, cada uno debía seguir su camino, sin reproches…pero ahora sin sonrisas cómplices. 

Durante los días que sucedieron me pregunté en qué andaría, de ese bizarro viaje con su vaya-a-saber-qué y de los mosqueteros diezmados de ahora en más. Nada tenía respuesta.

Una noche, mientras disfrutábamos de una cena algo peculiar en la casa de un amigo japonés de Julio, me suena el celular, era ella:

-          Hola!...- atiendo emocionado y me corto en seco al escucharla - Estás bien? – estaba llorando.

-          Hola… - se escuchaba su voz como con eco.

-          Dónde estás?

-          En el baño.

-          Eh?! Qué hacés ahí?

-          Empezó a gritar…a tirar cosas, a decirme que yo era lo peor que le había pasado en la vida…que era una mierda…le pegaba a la pared, sacado…me quise ir, pero no me dejaba salir de la habitación.

-          Te pegó?

-          No, pero tengo miedo…me encerré en el baño. No sabía que hacer.

-          Está ahí?

-          Salió. Se fue como loco.

-          Ok, tranquilizate. No va a pasar nada…………Hola? – no la sentía.

-          Volvió. – me dice en voz baja.

-          (…Puta madre…) Escuchame…calmate. – pensaba qué carajo decir y no se me ocurría nada.

 [PUM PUM PUM PUM! - ABRI HIJA DE PUTA!!!!]

El flaco estaba peor que antes.

-          HOLA!!! HOLA!!!!! – escuchaba los gritos de ella y no me hablaba.

-          Ayudame! – me suplicaba…Qué mierda podía hacer a 800Km de distancia?!

-          Llamá a la policía……me escuchás?!


[PUM PUM PUM PUM!!! - ABRI TE DIGO!!!]

-          Tengo miedo... – me decía temblando del otro lado. Yo con una impotencia bárbara.

-          Escuchame!...cortá y llamá a la policía! HOLAA!!!!!

Los golpes cesaron.

-          HOLAA!!!!!!!!! – gritaba al teléfono pero nadie me respondía.

Estaba afuera de la casa del ponja, por mis gritos sale Julio:

-          Qué pasa?

-          El novio se volvió loco.

-          Qué?!

-          No sé qué carajo hacer.

Julio me mira serio sin decirme nada, preocupado.

-          Estoy bien…estoy bien. – escucho su voz de nuevo.

-          Cómo? Qué pasó?!

-          Nada, nada…está todo bien. Está llorando. - lo escuchaba llorar como un nene.

-          Vos estás bien?!

-          Sí sí, no te preocupes. Está mal.

-          Dejá de hablarme de él? Andate de ahí, ese flaco es un peligro!

-          No, no…Está mal. Está llorando, pobre. – me decía angustiadísima.

-          Pobre?...Pedazo de hijo de puta!!!…pobre?!

-          Gracias por escucharme…en serio. Disculpame que te haya llamado a esta hora, sí?

-          Esperá! Qué vas a hacer?

-          Hablamos mañana, chau. – y me cortó.

 

-          Qué pasó? – me pregunta Julio.

-          No sé, macho…ya no sé.


Al día siguiente no hablamos. Esperaba algún mensaje de texto, aunque sea, pero no pasó. A la noche le mando yo, impaciente por tener noticias.

 “Sí, todo bien. El día estuvo bárbaro hoy, un sol divino.”, me contestó. - Evasión IV, Programa Intensivo para alumnos avanzados.

Llega el viernes, me encuentro con Julio y me dice:

-          Vas a ir el Domingo a la fiesta despedida?

-          Qué fiesta?

-          No te llegó el mail? Vuelve el Domingo y quiere que nos juntemos todos para despedirnos de ella porque el Lunes toma el vuelo a Austria.

-          No, ni chequeé. – era el colmo, mi cara de orto lo decía todo.

-          No seas boludo, vamos.

-          Sí sí, está bien. – sin estar muy convencido - Ge va?

-          Seguro.

-          Ok.

Lindo momento, tener que verle la cara a ese tarado en una pantomima de pareja feliz junto a ella. Todavía no entiendo porqué se me fue tanto de las manos la cosa…o sí?

Domingo, concentrado en que no tenía que hacerme cargo de la boludez ajena, fui más relajado, dispuesto a caretearla con mi mejor personaje fayuto. Al llegar, para mi sorpresa, él no estaba.

-          Y tu novio?

-          Ni me hables. Estuvimos discutiendo y decidió no venir.

-          Mejor. –Me salió sin pensarlo. Las 2 chicas que estaban ahí y no me conocían tanto me miraron sorprendidas. Ella continuó con la charla como si nada.

-          El sur está bárbaro – le contaba a una de ellas  – hay unos paisajes que no podía creer. - Bla bla bla bla.

La hora se pasaba y ni Ge ni Julio aparecían. Como buenos latinos, su puntualidad los demoró 1 hora y media. Yo había sido el degenerado que, por primera vez, había llegado a horario.

Me voy a fumar afuera con ella. No pude evitar preguntarle:

-          Cómo estás?

Me mira sabiendo que no podía evadir. Baja la mirada.

-          Mal. El viaje fue una pesadilla. Discutimos todos los días.

-          Cómo aquella noche?

-          No, por suerte no. Pero por momentos, casi.

Podés decirme pelotudo, tarado mental, flojo, lo que quieras…Pero yo quería estamparle un beso y abrazarla. Las miradas que nos cruzamos tenían esa tensión inevitable de los encuentros furtivos y las buenas anécdotas vividas.

Suerte que no intenté nada porque apareció el quía en medio de nuestra charla.

- Hola. – Le dice ella sorprendida. – Él es…

- Sí, ya sé, te ví en facebook – me dice él.

- Hola, qué tal? – le doy la mano.

Copado, ya me tenía calado...Y, boludo no era… También, en un álbum de 12 fotos aparezco como 6 veces, y varias de las cuales abrazado a ella. No hay que ser Mandrake para sospechar algo.

Nos sentamos en la mesa. El flaco pide una botella de vino. De repente, las otras 2 chicas se paran para ir a fumar. Las sigo, no me iba a quedar ahí como un goma. Actitud más que evidente la mía, si consideramos que habíamos entrado con ella y el novio hacía 3 minutos y medio.

Llegan Julio y Ge. Menos mal!

El flaco macanudo…eso era lo peor. Con todo lo que había pasado y al estar ahí charlando con este flaco tan ameno, de nuevo se me disparó la pantalla azul…me cagué en las patas, pensé que te tenía que formatear. Pero volví a arrancar luego de 2 reiniciadas y un par te de golpes.

Yo estaba quebrado financieramente y el hijo de puta que seguía pidiendo botellas de vino. La despedida me iba a salir bastante cara. El chavón me servía una y otra vez… y yo le entraba, no iba a decir que no, por lo menos, entonado, iba a pasar mejor el rato.

Hubo momentos medios chotos donde era evidente que habían discusiones entre ellos. Él ya estaba bastante borracho y se le notaba, no podía disimular su cara de culo (Mr. Hyde empezaba a asomarse por sobre el Dr. Jekyll). Hasta que, promediando la noche, se va. (Lo bueno es que dejó paga la cuenta, je)

-          No me importa. – dice ella.

Suena su celular. Mensaje de texto.

-          Jm! Me dice que ni me gaste en volver al hotel.

-          Eh? Qué vas a hacer?

-          Nada, voy a volver. No tengo otra, están mis valijas ahí… Pero lo voy a hacer a la hora que quiera. Puedo ir a tu casa?

Vos, macho Argento, le dirías que no?

Ya estaba en el horno. Última noche: que sea lo que sea.

Nos tomamos un taxi. Eran alrededor de las 12. Con sigilo entramos a mi casa. Mis flatmates (dueños de casa) dormían en la habitación contigua y era la primera vez que llevaba a una mina, así que, teniendo la experiencia de la flatmate de ella, me empecé a preocupar por mi futuro en ese flat.

-          Te puedo pedir un favor?

-          Sí.

-          La cosa…digo…podría ser sin tanto alboroto? No quiero quedarme sin hogar.

-          Sí, no te preocupes. – se cagaba de la risa.

Pero, afortunada coincidencia, no había nadie. Relajadísimos sonoramente, nos encargamos de perturbar la quietud de la noche. Ambos nos olvidamos del susodicho y nos disfrutamos como si fuéramos sólo nosotros. Me volvió a sonreír con esa mirada despejada y me rendí sin oponer demasiada resistencia.

-          No quiero saber más nada. – me dice - Se acabó.

-          Es lo mejor que podés hacer.

-          Sí, pero tengo que viajar mañana con él 36 horas en el mismo avión!

-          Es el último esfuerzo…pensalo como si estuvieras durmiendo: Cuando te despiertes habrá sido todo un mal sueño. No más torturas psicológicas, no más llantos ni bancarte a semejante pelotudo…ok? – quería confiar en ella, en que iba a poder rehacer su vida más allá de su pasado y su presente. Que encararía las cosas con esa alegría y franqueza que me mostró espontáneamente.

-          Sí – me dice lagrimeando – Te voy a extrañar, sabés?

-          Yo también.

Sin darnos cuenta, nos quedamos dormidos. Su celular empezó a sonar.

-          Hola! – atiende, pero cortaron. Era él.

-          Qué hora es? – pregunto dormidísimo.

-          Las 4! Me tengo que ir! – sale disparada de la cama y empieza a vestirse.


El celular de nuevo. Cortaba cuando atendía.

-          Qué hincha pelotas este flaco!

-          Me pedís un taxi?

-          Sí, todo bien… Estás segura de que querés volver al hotel?

-          Sí, sí. – No discutí. Era al pedo.


El celular una y otra vez.

De repente empieza a sonar el mío. Lo agarro sorprendido y cortan al toque. No tenía ese número en mi agenda. 

-          Es él – me dice asustada.

-          Eh? Cómo consiguió mi teléfono.

-          No sé, me lo habrá sacado a mí.


Escucho que en el living de arriba empieza a sonar el teléfono de la casa. Esto ya no me gustaba.

Alternaban los teléfonos sonando una y otra vez. 

Atendía puteando, pero me cortaban.

-          Me chupa un huevo que sea tu novio, llamo a la policía!!

-          No no!

-          Mirá lo que está haciendo?! Te parece normal?!

-          No…

 

[PUM PUM PUM PUM!!!]

La puerta de entrada.

-          Quedate acá. – Le digo.

 

Voy despacio. 

-          QUIEN ES?!

 

[PUM PUM PUM PUM!!!]

Siguen golpeando como para tirar la puerta abajo.

-          Flaco, dejá de hinchar las pelotas o llamo a la cana!


[PUM PUM PUM!!!!]

-          Me escuchaste? Rajá de acá o llamo a la policía, pelotudo!

Los golpes cesaron. Estaba a un centímetro de la puerta. Me apoyo con cuidado para tratar de sentir el sonido del otro lado.

 

 

 

 

 

[Silencio]

 


 

 

 

 

 

[PRRAAAAMMMM!!!!!]

Escucho romperse la ventana de mi pieza! Voy corriendo. El flaco la tenía agarrada de la pierna. Ella lo patea y logra zafarse, la tomo del brazo y salimos corriendo hacia arriba. Tomo el teléfono del living…estaba muerto. Los celulares habían quedado en la habitación.

-          Tranquila. – Como si yo lo estuviera...Busco a mi alrededor algo con que golpear. Abajo escuchaba los ruidos del flaco entrando. Agarro un adorno bastante macizo.

Silencio de nuevo. Ella respiraba agitada. 

-          Quedate acá. – le susurro al oído.

Bajo lentamente las escaleras. Estar descalzo era una ventaja. La poca luz que entraba de la calle apenas me dejaban ver las siluetas con mis pupilas dilatas como pelotas. Llego abajo. Me desplazo sigilosamente, con todos los sentidos alerta…entro a la habitación de mis flatmates y nada. En el baño menos. Voy a mi pieza…prendo la luz. Sólo los vidrios rotos sobre la cama desecha.

Escucho cerrarse la puerta de entrada! Voy hacia ella, me fijo por el visillo y no veo a nadie. Abro. El patio desierto. Cierro la puerta y al darme vuelta lo encuentro detrás de mí.

 

 

 

 

[Silencio]

 

 

 

 Me despierto en la cama de un hospital junto a mis flatmates.

  -          Qué pasó? – mi cabeza era un tambor.

-          Tus amigos nos dijeron que alguien entró a robar y te golpeó cuando justo fuiste a tu habitación.

-          Qué?... Y ella?

-          Está bien. Se fue con el novio. Estaban preocupados, pobres, se quedaron hasta que llegó la ambulancia.

 

No supe más nada de aquella impredecible mujer. Ni mail, ni facebook, ni MSN…me había borrado de todo. Así son las cosas, yo decidí jugar, no podía quejarme.

Los malandras latinos siguieron haciendo de las suyas. El cachaça, la coca y el fernet “no se manchan” (parafraseando al Diego).

 Casi un año después recibo un sobre por correo. Alguna carta de Argentina, pensé. La abro y era una postal que decía:

 “El mal sueño terminó: desperté.”